Teatro de Garaje: un centro cultural ‘underground’

Por: Paola Moreno

Antes del 2011 un parqueadero abandonado y ocupado por carros olvidados, ubicado en el barrio Chapinero de Bogotá, era simplemente eso: un garaje con una bodega pequeña, que un grupo de artistas arrendaba para ensayar. Así fue por varios años hasta que Luis Eduardo Montaña, una de las personas que ensayaba allí, lo tomó como arrendatario. Desde ese momento, empezaría a materializarse lo que sería el Teatro de Garaje.

Pero para que esto fuera una realidad han pasado varios años de esfuerzo. Durante el tiempo en que él manejó la naciente sala de teatro, el dueño del parqueadero le dejaba hacer eventos fuera de la bodega, como realización y exposición de graffitis y conciertos. Hasta que, un tiempo después, le manifestó a los dueños que estaba interesado en arrendar todo el parqueadero, y como él mismo dice, fue así como se metió en “esa vaca loca”.

Entrada del parqueadero en el 2011, cuando Luis Eduardo apenas recibía este espacio

El Teatro de Garaje se fundó a principios del 2011 y seis meses después el grupo hizo su primera función. Lo primero en lo que invirtió Luis Eduardo fue en silletería, luces, telones y un equipo de sonido para la ‘bodeguita’, que poco a poco se convertía en una pequeña sala de teatro. Este espacio es autogestionado y funciona como una Sociedad Anónima Simplificada (S.A.S.), a diferencia de muchos otros teatros o espacios artísticos que se constituyeron como fundaciones.

“Yo tomé esta decisión porque quería reivindicar la idea de que el teatro es un trabajo como cualquier otro y uno necesita vivir igual que los demás. Siempre pensé que este lugar tenía que darme para vivir, que tenía que ser sostenible y autónomo, donde yo no tuviera que depender de nadie, y el mismo ejercicio de presentar obras le diera la razón al público para pagar la entrada y así sostenerlo”.

La época punk

Los primeros años del Teatro de Garaje fueron de mucho ruido: circo, conciertos, shows de magia, cine y danza; aprovechando que Chapinero era más comercial y no había mucho inconveniente con los vecinos. Sin embargo, así como esta localidad se ha ido transformando con el paso de los años y se ha ido convirtiendo en  un sector más residencial, el Teatro de Garaje se volcó a un ambiente más tranquilo y familiar.

Las primeras funciones fueron un poco tensionantes para Luis Eduardo, porque el espacio todavía estaba en proceso de remodelación. “Era un poco la vergüenza de este espacio tan precario, de ese baño iluminado con una velita, parecía el baño de Trainspotting—cuenta Luis Eduardo entre risas —. Me acuerdo toda la tensión que había con el público, que una silla le dañara la ropa a los asistentes”. Sin embargo, entre todas las preocupaciones, la esencia del Teatro de Garaje se construyó en medio de éstas, y se ha ido transformando con el paso del tiempo.

Performance vocal improvisado realizado por Las Dickson (2012)

La transformación

Sin que el Teatro pierda su espíritu rebelde, el grupo sigue haciendo  las mismas actividades como: exposiciones de graffitis, conciertos y clown, pero con algunas restricciones con el horario y el uso del espacio al aire libre, llevando al Teatro de Garaje a convertirse en un punto de encuentro para el entretenimiento, la tranquilidad, la cultura y el arte. Hasta el momento han realizado cerca de 1.000 presentaciones distintas. La obra más reciente que montaron fue Yodo del caleño Carlos Enrique Lozano, en noviembre de 2015; y actualmente trabajan en dos montajes: uno de payasos y en la muestra de los talleres de improvisación.

Por un lado está el taller de improvisación para adultos que lleva dos años y es tanto para actores como para no actores; y, por otro, el taller de improvisación para niños, que lleva 6 meses. A su vez, uno de los intereses de Luis Eduardo con el Teatro de Garaje es hacer de este un lugar para apoyar a los artistas callejeros de circo, rap, breakdance, entre otros. Además, el Teatro de Garaje funciona en varias ocasiones bajo la idea del trueque. Hay personas que toman los talleres sin pagar, pero ofrecen su tiempo trabajando en la taquilla o en el café del teatro. Este trueque entre aprendizaje y teatro les ha ayudado mucho a mantenerse.

‘Yodo’, dirigida por Luis Eduardo Montaña (2015)

Además de la sala de teatro, en la actualidad el Teatro de Garaje cuenta con el taller de artes plásticas, dos restaurantes (uno de comida wok, otro de comida italiana),  una tienda de tatuajes y un café; estos cinco espacios están organizados en contenedores.

“Yo siento orgullo de este espacio, a veces siento agotamiento, pero siempre fe, esperanza y ganas, porque creo que hay mucho para aportar a la sociedad desde las artes y porque la felicidad de la gente depende mucho de tener lugares donde encontrarse, donde conectarse con el otro”.

Luis Eduardo quiere replicar la experiencia del Teatro de Garaje, como centro cultural autosostenible, en otras localidades donde existen pocos escenarios para las artes, como Usme, Bosa y Soacha. Le gustaría mantener la idea de un teatro pequeño porque piensa que eso le da más intimidad: “Para mí el teatro de Garaje es un sueño y una utopía que siempre he perseguido: un centro cultural, un lugar de reunión, de encuentro. Un lugar que no es solemne, que es popular, que es social, que es guerrero, callejero, urbano, underground, independiente”.

14.7.2017
 
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